/  Blog   /  El catálogo como signo de identidad

El catálogo como signo de identidad

Cuando hablamos del catálogo de una editorial, en términos sencillos y generales, nos referimos al conjunto de títulos y autores/as que han sido publicados por esta. Este puede estar organizado por materias, por colecciones o series editoriales (si las hubiera), por procedencia de sus autores/as, entre otros. Aunque se llama así, también, a la publicación con fines comerciales y de difusión, en esta entrada me referiré al catálogo como un concepto que define la naturaleza, las pretensiones o las características de una editorial. En este sentido, el catálogo se constituye como un signo de identidad de estas.

Al igual que lo que comentaba en una entrada anterior sobre la línea editorial, existen editoriales con catálogos consistentes y orgánicos, y editoriales con catálogos dispersos en los que no se evidencia un hilo común o vasos comunicantes entre un título u otro, entre un/a autor/a u otro/a. Y es que ambos conceptos están emparentados. Una editorial que no se ha detenido a pensar su línea editorial, difícilmente tendrá un catálogo coherente.

Sostengo, entonces, la importancia de que una editorial construya su catálogo siguiendo la línea que, por ejemplo, describe tan bien Comba, una editorial independiente española. En su página web, su editor, Juan Bautista Durán señala al respecto:

El catálogo debe ser concebido como una familia que crece y se extiende cual árbol genealógico, cuyas ramas dan cabida a las distintas colecciones. En ellas puede haber algún hijo bastardo, pero aun el hijo bastardo debe tener un sentido evolutivo. Si no, el árbol empieza a descomponerse (…) No todos los proyectos parten de la misma base, pero si algo une y distingue a los sellos que logran salir adelante es la apuesta por un catálogo claro y coherente (Editorial Comba | La creación de un catálogo)

 

Hasta las ramas más torcidas, tienen un sentido evolutivo, nos dice. Es decir, aportan algo al conjunto. Pero, como señala la editora argentina Leonora Djament, de Eterna Cadencia, este aporte no puede entenderse en términos cuantitativos, sino más bien, relacionales: “Un catálogo no es la suma de libros buenos”, apunta.

El editor o la editora tiene, pues, un rol fundamental. Debe entender su oficio como el de un curador que va seleccionando material no por azar, sino con una conciencia clara sobre este universo mayor que es su catálogo.

Respecto de su organización, podemos decir que las colecciones editoriales pueden ser piezas clave a la hora de organizar un catálogo editorial. Pero tampoco se trata de estrenar colecciones y hacerlas crecer al infinito. ¿Qué son las colecciones editoriales? Pues un conjunto de libros publicados por una editorial con varias características comunes que los identifican y refuerzan la idea de conjunto: la temática (literatura, artes, ciencia, etc.), el origen de sus autores (pienso, por ejemplo, en la colección Iceberg de Pesopluma, que publica a autores emergentes), el género de las obras (ensayo, poesía, novela, etc.), entre otros aspectos. Además de esto, por supuesto, tendrán un diseño uniforme que los identifique visualmente. Pero, recalco, muchas editoriales de altísima calidad han optado por no tener colecciones y eso no es malo ni bueno en sí mismo; es solo una opción. Y, claro, se ha hablado mucho de para qué o para quién se crean las colecciones, si para los lectores o para “facilitar” de alguna manera el trabajo de los propios editores en tanto las colecciones son una suerte de «cajones» en los que es más sencillo ir organizando los libros en ellos. Pero ese, el tema de las colecciones editoriales, es otro tema en el que me detendré en una próxima entrada.

 

Post a Comment