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La construcción de una línea editorial

Construir una línea editorial sólida y coherente impacta positivamente en la visión que tienen los y las lectores/as sobre las editoriales. En un mundo globalizado en el que los contenidos están disponibles a granel, la línea editorial representa un paso adelante en la edición y exige un trabajo de curaduría que, muchas veces, no se da. En esta entrada recojo algunas impresiones sobre este importante concepto.

El editor Jacobo Zanella, en un artículo publicado en 2020 en Letras Libres, dice, al referirse a cinco editoriales independientes que destacan en el panorama latinoamericano, que «la tenacidad se manifiesta en una voz: todos los libros de la editorial comparten un tono establecido por el editor (…). De sus títulos, después de leerlos podemos decir: “no imagino este libro en otra editorial”».

Zanella se refiere, pues, a lo que conocemos como «línea editorial». En términos generales, la línea editorial es un conjunto de principios o lineamientos que rigen determinada producción editorial. Los periódicos o revistas, por ejemplo, suelen hacer pública su línea. Simplificando el concepto, la línea editorial puede definirse como el sello de una editorial, o sus rasgos característicos e identitarios: su personalidad, su carácter. Por ejemplo: qué géneros publican; el diseño orgánico de sus libros; el tratamiento que le dan a sus textos; el público al que se dirigen, entre otros aspectos. Todo esto está vinculado, además, con el diseño de la marca. No olvidemos que una editorial, fuera de todo entendimiento idealizado y romántico, es una empresa y, como tal, debe aspirar a la sostenibilidad. Entender entonces, la propuesta de valor que tiene como marca, es fundamental.

Una editorial que construye su propuesta a partir de una línea editorial tendrá una identidad sólida, un «rostro», una consistencia que permitirá que los lectores y lectoras que se acerquen a ella la reconozcan y, si encuentran que ese rostro les es atractivo, se fidelizarán en tanto sabrán qué esperar de determinada editorial. Es importante, entonces, detenernos por un momento a pensar en la forma en la que construiremos esta línea editorial; y, al momento de hacer este análisis, existen diversos elementos a tomar en cuenta. Te comento algunos:

  • Definir tu objetivo como editorial: ¿qué tipo de libros quieres publicar?
  • Definir tu audiencia: ¿A quién te quieres dirigir?
  • Definir temática: ¿de qué quieres hablar? ¿qué te gustaría publicar? (única o variada)
  • Definir mi línea gráfica: ¿cómo transmito visualmente mi línea editorial?
  • Analizar la competencia directa

Analizar estos puntos nos permitirá tener una estructura y cierta claridad: ¿Qué queremos que sea nuestro proyecto editorial? ¿Queremos que sea un cajón de sastre en el que todo cabe y nada queda afuera? ¿O queremos más bien apostar por un conjunto orgánico de libros y proyectos editoriales?

Si la respuesta es la segunda, pues hay que pensar cómo se desenvolverá nuestro proyecto editorial en un horizonte de tiempo amplio y, en este sentido, pensar que cada libro nuevo debe aportar a esa organicidad. Ya no se apostará, entonces, por un libro sin más, sino que se analizará en qué medida este libro suma al catálogo, aporta a consolidar la línea editorial elegida. Como señala la editora Leonora Djament, editora de Eterna Cadencia, al mencionar el proceso que siguen en la citada editorial:

“De manera muy consciente pienso en el catálogo completo. Siempre. Hay dos grandes filtros en el proceso: las características intrínsecas del texto, su calidad literaria; pero sobre todo cuál será su relación con el resto de los libros ya publicados por la editorial. Ahí entra la idea de constelación aporta una mirada. Ningún libro entra ‘hablando solo’ en el catálogo. Un catálogo no es una suma de libros buenos.” 

 

Esto último es muy importante si queremos que nuestra editorial destaque, que tenga ese sello único con el que los lectores la identificarán. Línea editorial y construcción de catálogo ⸺sobre este punto específico, me detendré en otra entrada⸺ van de la mano. Y es importante, pienso, apuntar esta idea de constelación. O podemos usar, también, el símil del árbol, que puede tener muchas ramas, algunas un tanto desviadas, pero en el que todas comparten un tronco común, una base.

Y tú, editor o editora, ¿ya has pensado en esto?

 

 

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